miércoles, 16 de mayo de 2012

Juegos

Hubo un tiempo en el que no me importaba en absoluto lo que pensabas; ahora sé que se ha acabado. Lo supe aquella vez que nos vimos en aquel bar a las dos de la mañana del sábado, con dos copas de más y el ruido de la música embotándonos los oídos. Te acercaste a mí y, como acostumbrabas, me pasaste una mano por los hombros y me estrechaste antes de darme un beso en la mejilla. Sí, recuerdo ese picor de nostalgia cuando me fijé en tu sonrisa y pensé "una vez le besé ahí".

Hablamos, otra vez, tímidos al principio, con la sombra del daño manchando nuestras voces; la confianza es una gacela que al herirla huye para no regresar. Pero la buscaste, con ahínco, reviviendo los buenos recuerdos, quiénes fuimos y cómo éramos. El trueno, la velocidad, el baile, el juego de los cinco ases en el que ambos hacíamos trampa. Y disfrutábamos con ello.

Volvimos a lanzar las cartas al aire mientras las luces de la ciudad se apagaban. Atrás quedaba el miedo y el rencor pasados y delante se alzaba lo incierto. Una nueva mesa. Una nueva partida.


lunes, 30 de abril de 2012

Guerra fría

- Tu silencio es un grito de desprecio.
- Tus palabras, una lección sin aprender.

jueves, 19 de abril de 2012

Beryl

Las llamas lamían la superficie de los manuscritos reduciéndolos a cenizas. En sus manos aún sostenía la pluma que tiempo atrás había probado aquellas páginas. Ella la miró con detenimiento una última vez, como si quisiera memorizar su forma, su tacto, sus colores, antes de arrojarla al fuego.

No sintió pena alguna esta vez, sólo vacío.

De pie, junto al fuego saboreaba aquella última calidez que las palabras iban a transmitirle, pero aún así se estremeció. Unos brazos la rodearon por la espalda, reconfortándola, y ella se dejó llevar por aquella inocente muestra de cariño.

- Pensé que al menos querrías conservar la pluma- susurró él en su oreja.
- ¿Por qué?
- Tal vez la eches de menos.

Ella se giró y lo miró a los ojos, dos gotas de miel verdosa que parecían invitarla a un banquete de sabores dulces y desconocidos. Por un segundo olvidó lo que le había dicho
.
- No- respondió al fin, aunque su voz no sonaba muy convencida. Era más un deseo que una certeza, pero no le quedaba más esperanza a la que aferrarse-. ¿Sabes qué es lo que escribía con esa pluma? Escribía las memorias de los sueños que jamás podría cumplir; aquellos tan hermosos y tan tristes al mismo tiempo que me llenaban el corazón de congoja y a la vez me desahogaban como un llanto de tinta. Pero simplemente eran sueños; cuando despertaba por las mañanas todo se había disipado y sólo me quedaba de ellos lo que había escrito. Ahora no me quedan sueños que soñar. Ahora los quiero vivir.

miércoles, 11 de abril de 2012

Cosas rotas

Resultaba extraño verle como si fuera un desconocido. Era como si aquel saludo fuera el primero; como si ni siquiera recordáramos nuestros nombres; como si todas nuestras aventuras pertenecieran a una vida anterior, difusa, escondida tras un velo de silencio. Era como si otras personas distintas hubieran habitado nuestros respectivos cuerpos durante todo ese tiempo y, de repente, se hubieran marchado.

sábado, 31 de marzo de 2012

Las viejas historias

- Dime, por favor, por qué estoy confiando en ti.
- Dime tú, por favor, por qué tardaste tanto en hacerlo.

martes, 27 de marzo de 2012

Sol de medianoche

Abría los ojos en medio de una noche sin luna. Las estrellas parecían haberse tomado un tiempo de vacaciones en compensación por la larga noche que había reinado durante los meses anteriores. Notaba la nieve fría y semiderretida bajo mi cuerpo, inmóvil, sobrecogido por la belleza del espectáculo que mis ojos estaban viendo. A lo lejos, un reloj dio las doce y él seguía allí, cálido, imponente, brillante como el dios que en su día fue. Seguramente nunca lo volvería a ver así, pero no importaba. Con una vez había bastado y sabía que el recuerdo de aquel momento me acompañaría por siempre.


A veces la mente trabaja más rápido que la realidad; el tiempo es una dimensión que la imaginación no conoce, y disfruta jugando con él. Así son los sueños, mezclas de deseos y posibles realidades que parecen arder mientras luchan por abrirse paso hacia el mundo real. Al despertar todo parece dolorosamente lejano, pero de alguna forma sigue presente en alguna parte, junto a nuestros anhelos e ilusiones, y saber que algo emocionante está a punto de suceder hace que el miedo desaparezca, que tus propios instintos te impulsen hacia delante sin dejar que mires atrás, pensando sólo en la aventura que se revela bajo tus pies. Lo demás no importa. Ya no hay nada que te retenga aquí.

viernes, 16 de marzo de 2012

Vistas al mar

El Nordeste húmedo y frío se agitaba en mi pelo y me resecaba los ojos. Los cerré, ¡al diablo con él! Sólo quería escuchar el ronroneo de las olas, oler el perfume del agua y notar el regusto a sal en los labios. Pero no pude hacerlo; el viento silbaba fuerte, y el frío iba invadiendo mis manos y mi cara, iba subiendo por los brazos, bajando por el cuello, instalándose en mi pecho y calando hasta los huesos. El Invierno había vuelto otra vez.

Apenas podría creer que tan sólo unos días antes las cosas hubieran sido tan distintas. Lucía un sol radiante, primaveral, nuevo, y en la playa, el mar abrazaba los pies de dos caminantes a los que la casualidad había decidido juntar; dos almas heridas con hambre de redención; dos jugadores que disfrutaban esos pequeños momentos en los que jugaban con las picas en la mano y los corazones en la manga. Pero las bazas jugadas bajo la mesa empezaron a abultar demasiado, y tras poner las cartas sobre la mesa, terminó la partida.

Abrir los ojos fue como despertar de un sueño; nada parece ser del todo real. Un día decidí volver a la playa, al mismo sitio donde tiempo atrás habíamos contemplado el mar juntos. Me acerqué a la barandilla y me asomé por el borde del muro. Abajo las olas rompían con violencia, alisando la superficie de la playa, borrando todas las huellas de nuestro paso por aquel lugar. Pocas historias duran más de una marea. El tiempo, como las olas, acabaría borrando cualquier evidencia de su existencia, y entonces tan solo nos quedaría el recuerdo. El resto pertenecería al pasado. Miré a las olas y me dije que nadaba hacia buen puerto, pero aun así la travesía no iba a ser fácil. Ante mí se extendía un mar hostil y estaba completa y apabullantemente sola.

- ¿Qué harás ahora?- me dije. Estaba muy cansada y ansiaba encontrar la paz de nuevo, la que él conseguía hacerme sentir cuando me estrechaba entre sus brazos, ese dulce opio que me hacía sonreír después de cada beso, o el placer sencillo de olvidar el dolor. 

A veces lo echaba de menos o sentía que lo necesitaba, pero a pesar de todo aquello, sólo había una posible respuesta a la pregunta que me había formulado; no podía volver atrás.
- ¿Qué harás ahora?- me volví a preguntar, y la respuesta era simple.
Capear el temporal.